LA POESÍA AMOROSA SEFARDÍ

Rasgos destacables en la poesía amorosa

El amor es un tópico universal, así como lo es la muerte. En su variedad, puede mostrar matices diversos que hacen de él un rico repertorio dentro del abanico de posibilidades más generales tales como el amor dichoso o el amor desdichado.

Esta poesía generalmente está centrada en el emisor. Y la principal función es la emotiva y expresiva. Dicho emisor, hombre o mujer, siempre apela a un tú, y habla de él o ella, como del objeto amoroso que lo desvela.

Se trata de una poesía que ha sido pensada para ser cantada. Por lo tanto, en ella encontramos buen ritmo, cadencia y rima si no consonante, asonante.
La poesía oral tradicional muestra un proceso que va de la voz a la escritura. Y no perdemos de vista el gesto en la representación, que debió acompañar toda dramatización en el momento del cante. A veces se reproducen estos gestos, en los cantes de boda, con palmas, instrumentos de percusión, tamboriles, panderos, etc. Y también con el acompañamiento del baile, ya sea en suaves desplazamientos, o en ritmos llevados con los pies mientras se entonan los versos.

El sentimiento amoroso se manifiesta de acuerdo con el destinatario del mensaje. Se ama a Di’s, a la mujer o al hombre de quien se está enamorado, al esposo, al hijo/a, al amigo, a la patria lejana.

Todo esto se expresa con diferentes matices emotivos, tiñendo de dicha o angustia versos que se acompañan con música en la generalidad de los casos. De ese modo, una canción puede resultar melancólica, exaltada, nostalgiosa, picaresca. Según el estado emocional del sujeto enamorado así será la percepción que tenga de el o de la  amada.

Estas canciones desnudan el alma con palabras que reprochan la falta de correspondencia amorosa, hablan de despecho, del dolor de ausencia del amado. En muchas de ellas se llama o se menciona a la muerte como el último recurso para aplacar el dolor causado por la pasión no correspondida. (Di’s, que no responde; la enamorada que se casó con otro; él, que viajó a otras tierras y nunca regresó; ella, que se enamoró de quien no debía, etc.).
¿Qué tipo de circunstancias dan lugar al trato amoroso?

Decíamos anteriormente que cada momento en la vida del individuo o de la comunidad da ocasión al canto. Tratándose del tema amoroso, debemos mirar hacia distintos horizontes puesto que el hombre y la mujer tienen en su vida muchas circunstancias en donde el amor juega un papel fundamental.

El amor y la alabanza a Di’s, por ejemplo, ha sido una de las manifestaciones que desde la Biblia ocupó un gran espacio en la poesía del pueblo hebreo.  Muchas veces dicha veneración se manifiesta en diálogos entretejidos con bellas metáforas entre el enamorado y la enamorada, como en  El Cantar de los Cantares, del Rey Salomón, o en bellos poemas escritos por los poetas  hispanohebreos de Al Andalus. Las palabras seductoras y llenas de amorosa entrega tienen lugar entre el esposo y la esposa, donde el recato muchas veces falta y la sensualidad invade el vínculo con aromas, gustos y sensaciones varias. Por ejemplo, El Cantar de los cantares,atribuido al Rey Salomón.

Bellas endechas pueden ser interpretadas como cantes de profunda melancolía por la falta de respuesta del amado, cuando en realidad se está aludiendo al Creador del Universo, que calla y no da respuestas a su pueblo.

Otra manifestación amorosa es la de la madre por su hijo que también halla un lugar privilegiado en el cancionero sefardí en las canciones de cuna. Podríamos decir que esto tiene sus raíces en la vieja tradición de las nanas hispánicas, que hasta nuestros días se conservan en cantidad.

Algunas canciones de cuna suelen transmitir el dolor, la indefensión e impotencia de la mujer que cría a su niño sin saber qué suerte aguardará a su pequeño: “Durme, durme angeliko”, “Noni, noni”.

Los cantes de novia, tienen la frescura de la espontaneidad. Suelen ser cantos de mujeres que acompañan a la joven al baño ritual, para que llegue al momento de su compromiso limpia y pura. “La galana”. En esa circunstancia se hace una fiesta con las mujeres de la familia y con las amigas. Se comen y beben especialidades culinarias hechas para la ocasión, y se baila mientras se cantan estas canciones para la novia.

Pero están también los cantes de boda, cuando están juntos el novio y la novia. En esos cantos se puede aludir a la condición económica de la novia, a la dote de ella, a su buena suerte y a las condiciones y virtudes de él: “Scalerika de oro”, “Arrelumbre”, “Dice la novia”.

En esos versos suele deslizarse lo que toda familia aspira para sus hijas solteras, un buen candidato, que las haga feliz, las atienda y las regale, les haga la vida placentera.

Motivo destacado es el elogio de la belleza de la novia. Se alude y destacan rasgos físicos preferentemente del rostro: ojos, cejas, frente, boca, cabellos, mejillas. Los cabellos largos y rubios parecen ejercer un gran atractivo, como paradigma de la belleza femenina. La mujer morena, se suele identificar con la mujer mora. Y ello atiende tanto a sus cabellos negros, como al color de su piel, que no es blanca y colorada, sino oscura: “La morenika” .

El mancebo adolescente canta su fascinación  por la bella joven que lo prendó. Es su primer amor. La fisiología del amor se manifiesta al mejor estilo de los románticos pues se habla de la sensación de fuego en el pecho, del enmudecimiento, y de la necesidad imperiosa de que ella le dirija una palabra para curarse de ese mal: “Diziocho anios tengo”.

La mujer soltera, bella y liberal seduce y se deja seducir por los mancebos que le dan serenatas en su homenaje. Y a la vez es motivo del comentario de la gente. Podría decirse que es una visión muy machista; pero tenemos que tener en cuenta que no se trata de letras surgidas en estos últimos tiempos, sino que su antigüedad data de períodos diversos y bien pueden ser del siglo XVIII o XIX, como de siglos anteriores: “Por la tu puerta yo pasí”, “La serena”.

Hay otras canciones que han ganado la preferencia de los grandes intérpretes del cancionero sefardí donde el enamorado se dirige a la mujer insensible, dura de corazón, que no es capaz de corresponder con igual pasión a quien se desvive por ella. Y las penas de amor  hacen nacer palabras duras en el enamorado:  “Adío, kerida”.

El paisaje marino es espacio habitual donde ir a llorar quejas de amor. Allí aguarda la joven enamorada, cuyo el amante emprendió un viaje a otras tierras y no se acuerda más de ella. De sus labios escapan reclamos de ausencia y soledad, teñidos de profunda tristeza.
El diálogo entre una madre y su hija ofrece confesiones de amores adúlteros, los llamados del amor joven en la presencia del mancebo que la corteja y le hace presentir nuevos goces del amor: “Una matika de ruda”.

Entre los romances que se conservaron por los exiliados de España pueden encontrarse algunos, no muchos, que dan testimonio de relaciones  incestuosas, del rey hacia una de sus hijas a la que castiga con el encierro, el hambre y la sed por negarse a sus propósitos. O el romance de tema bíblico de los hermanos Tamar y Amnón, en donde ella es violada por su hermano. Doble pecado: incesto y violación. El amor ligado a lo aberrante: “Romance de Tamar y Amnón”.

No faltan en el Romancero hispánico, que heredaron los judíos exiliados, episodios donde el señor –moro o cristiano- toma a la cautiva, cristiana, mora o judía, y la somete a sus pasiones amparado en el amor que la cautiva ha sabido despertar.

Otras veces el poderoso señor procura seducir a la joven con dádivas y promesas de amor para lograr de ella la conversión a la fe del señor. Alguna canción sefardí cuenta el caso de una mártir sacrificada por negarse a la apostasía: “Sol, la sádica”.

Existen variadas versiones de romances que cantan el amor fiel de la esposa que aguarda por años el regreso del marido que partió a la guerra. Y sale victoriosa de ese amor sostenido en la adversidad: “La Catalinita”.

O el caso de “El Romance de Gerineldo”, una de cuyas versiones alude al adulterio de la reina con su paje. Mientras otra cuenta del amor entre Gerineldo, el paje del rey, con la hija del monarca. La solución del romance está acorde con las pautas sociales de la comunidad que acoge tal versión. En un caso, el rey opta por callar el adulterio de su esposa. En otro,  el rey acuerda los esponsales del paje con su hija.

Para terminar, debemos referirnos a lo que acontece durante el siglo XX con la poesía sefaradí.
Curiosamente, con el resurgir de los estudios sefárdicos en diferentes ámbitos geográficos, y con el establecimiento de la Autoridad para la defensa de la lengua Judeo Española en Israel, se ha notado un curioso florecimiento de la literatura escrita en lengua judeo española. Hay ejemplos que se pueden citar. Tal el caso de la escritora y poetiza francesa, Clarisse Nicoidski, de padres inmigrantes venidos de Bosnia cuya lengua era el judeoespañol. Clarisse, a la muerte de su madre, como un homenaje, quiso escribir poemas en la lengua materna. Y Dina Rot, la exquisita cantante argentina, residente en España desde hace muchos años, grabó un CD, y allí canta los poemas en judeoespañol de Clarisse acompañada por un equipo de excelentes músicos.

Inspirado por esos versos, nuestro poeta Juan Gelman, quiso también escribir poemas en judeoespañol porque decía: “..la sintaxis sefardí me devolvió un candor perdido y sus diminutivos, una ternura de otros tiempos que está viva y, por eso llena de consuelo”.

En Buenos Aires, Beatriz Mazlíah, también ha desafiado el tiempo y ha escrito poemas en lengua sefardí. Son poemas de amor, donde las palabras resuenan con un profundo eco que llega al alma, por su sencillez y tersura.

He aquí quinientos años de poesía amorosa sefardí, donde el tema no se agota y atraviesa tiempo y espacio. Etapas gloriosas de la cultura judeoespañola en el exilio y momentos de recogimiento y dolor, del cual siempre parece querer resurgir.


Prof. María Esther Silberman Levy de Cywiner
Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Tucumán, República Argentina

Es Profesora titular, regular, por concurso de antecedentes, méritos y oposición de “Introducción a la Literatura”, “Introducción a los Estudios Literarios”;  y por extensión, de “Medios de Comunicación Social” en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán.

Como Investigadora del Consejo de Investigaciones de dicha universidad, de la Secretaría de Ciencia y Técnica (CIUNT) dirige el Programa de investigación “Etnias, Identidades y Memoria. Confluencia de Culturas en la heredad  hispánica y andina del Tucumán de ayer y de hoy” en el Instituto de Literatura Española (ILE) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT.  

Dentro de dicho Programa, que consta de tres Proyectos, es Directora de uno de ellos, “El patrimonio cultural sefardí en la heredad hispánica del Tucumán de ayer y de hoy. Identidad y memoria” 2005-2008- Ha realizado trabajos de crítica literaria e investigaciones sobre temas de Literatura española, hispanoamericana, argentina y clásica.

Así también ha incursionado en el estudio de los Medios de comunicación, y ha publicado numerosos artículos y ensayos en revistas especializadas, secciones literarias y culturales, actas de Congresos, Jornadas, Simposios nacionales e internacionales, a los que concurrió como expositora.

Es autora de varios libros:

El Rinconete y Cortadillo en la encrucijada de dos siglos; De textos y autores argentinos; Estudios Hispánicos I; Estudios hispánicos II; ¿Es tan conocida la ruda?; Estudios hispánicos III (CDRom); Estudios hispánicos IV (CDRom  y soporte papel); Cultura , Medios y Literatura (en co-autoría., CD Rom); De textos y autores hispanoamericanos y argentinos (en co-autoría, CDRom); La Asociación Israelita Sefaradí de Beneficencia de Tucumán. Memoria y Testimonios de su Fundación y Evolución. 1921-2006 ( en co-autoría)

Ha publicado sola y en colaboración, numerosos Documentos de Trabajo vinculados con los Proyectos de investigación sobre la cultura sefardí, tema al que está dedicada desde hace más de una década.

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