LOS JUDÍOS DE AMSTERDAM Y EL PASADO JUDÍO DEL CLUB AJAX

Roma es una de las ciudades más hermosas que existen, tiene un pasado tan lejano que

*Los Judíos de Portugal llegan a Amsterdam

Cuando la hija de los Reyes Católicos, Juana La Loca, se casó con Felipe el Hermoso, el heredero del Sacro Imperio Germánico, ese casamiento le permitió a su hijo Carlos II, luegoCarlos V de España, recibir como legado, uno de los mayores Imperios que conoció la historia.  

Ese Imperio “donde nunca se ponía el sol” contaba entre sus integrantes a los Países Bajos, quienes durante el reinado del rey Felipe II, fuertemente instalados en el protestantismo calvinista, se rebelaron contra el intolerante catolicismo español.

En 1568 con la declaración de la independencia de los holandeses comenzó una guerra que duró ochenta años.

En 1492 España había expulsado a su población judía. Muchos de los judíos emigraron a Portugal, el refugio más cercano y accesible para ellos.

Sin embargo, allí terminaron padeciendo más de lo que lo habían hecho en España, con el bautismo forzado al que fueron sometidos en 1496.

Cien años más tarde sus descendientes, perseguidos por la Inquisición, que deseaban vivir libremente como judíos, se dirigieron a la ciudad de Amsterdam, liberada ya de la intolerancia religiosa de la monarquía española, estableciéndose allí, además de hacerlo en otras regiones de Europa.

 En esa  ciudad se creó una nueva comunidad de judíos sefardíes, que creció rápidamente con características muy peculiares. Estos judíos de origen portugués y de tradición sefaradí navegaron los mares del mundo, muchos de ellos hicieron grandes fortunas y fundaron nuevas comunidades en Inglaterra, el Caribe, llegando hasta la Colonias Inglesas.

*Los vecinos judíos de Reembrandt

Pensar en Amsterdam, recorrerla es recordar que los judíos Rodrígues, da Costa, Bueno, Nunes, Osorio, vivieron allí. Cerca del lugar en que vivió Rembrandt estuvo el hogar de Manuel Lopes de Leon, de Henrico d’Azevedo y de David Abendana.

Daniel Pinto vivió en la puerta que se hallaba al lado de la casa del pintor. Al otro costado de la casa de Rembrandt, en el No. 6, vivía Salvador Rodrígues, que era un mercader.
Enfrente vivió su hermano, Bartolomé Rodrígues. En Breestraat No1, en la esquina enfrentada a la casa de Pinto, cerca del pintor Pieter Isaacszon, vivió Isaac Montalto, el hijo de Elías Montalto, quien había sido el médico de Maria de Médicis, la Reina Madre, en la corte francesa.


Casa de Rembrandt


 Museo de Rembrandt

 El rico Isaac de Pinto tenía una gran casa donde vivió hasta 1651, cuando se compró otra aún más grande, por la misma zona. Cercano a él estaba Abraham Aboab.

El padre de Abraham era el dueño de la casa de los hermanos Samuel y Jacob Pereira, los mismos mercaderes que le alquilaban parte del sótano de su casa a Rembrandt. También vivía por allí el mercader Bento (o Baruch) Osorio. Era uno de los más ricos residentes de la zona. Frente a él, sobre uno de los costados de la casa de Reembrandt vivía Antonio da Costa Cortissos.

En 1639, Cortissos generosamente, vendió un pedazo de su jardín para que en esa vecindad  fuera construida la sinagoga. Saúl Levi Mortera, un sabio rabino y antiguo secretario de Elías Montalto, vivía justo cruzando desde la casa de Daniel Pinto. Menasseh ben Israel, también rabino y posiblemente uno de los más famosos judíos europeos, vivía en Nieuwe Houtmarkt, sobre la isla Vlooienburg. Entre ellos, sobre la Houtgracht y a una manzana de la casa de Rembrand vivíaMiguel d’Espinoza (o de Spinoza). Su hijo, Baruch, se convirtió en uno de los filósofos más radicales y denigrados de todos los tiempos pero solamente luego de haber sido expulsado permanentemente -con gran prejuicio -de la comunidad judía de Amsterdam por sus “herejías abominables” y sus “actitudes monstruosas.”

 Toda esta gente, a excepción del rabino Mortera, era sefaradí. Los nombres españoles y portugueses eran  muy visibles para sus vecinos, pese a que vestían, peinaban y se arreglaban como holandeses, lo mismo que sus apellidos que también fueron transformados en holandeses con fines comerciales.

 Por eso José de los Rios llegó a llamarse Michel van der Riveren, mientras que Luis de Mercado fue conocido como Louis van der Markt para protegerse de las persecuciones. Sus casas estaban construidas en estilo holandés, y ellos se enorgullecían de su habilidad para pasar por típicos burgueses en su nueva patria. Pero nadie se confundía, trajeron con ellos un sabor cultural diferente y extranjero a Breestraat.

 Vlooienburg (Bloomsburg) fue entonces, no solo el centro del mercado de artes y cosas usadas. Era también el corazón del mundo judío de Amsterdam. Y Rembrand se mudó justo allí, en ese centro. Cada casa inmediatamente contigua o de enfrente a la suya, estaba ocupada por un judío. Y la mayoría de las casas de esa manzana sobre ambos lados de la calle eran de judíos. Desde el frente de su casa él podía ver la ventana del Rabino Mortera; y desde el piso de arriba de su casa tenía una visión de la sinagoga de la comunidad.

El no podía charlar con los chicos de las familias judías que pasaban por su casa a la mañana, parloteando en portugués en su camino a la escuela. Los viernes temprano podía oler el aroma de las comidas españolas que sus vecinos preparaban para el Shabat.

*Los judíos ashkenazim llegan a Amsterdam

Los judíos ashkenazim llegaron luego, sobre todo huyendo de Polonia y de las tierras germánicas, escapando de las penurias y la miseria ocasionada por la Guerra de los Treinta años y de los terribles pogroms llevados a cabo por las hordas de Chmielnicki durante la rebelión de los cosacos en Polonia entre 1648 y 1649. Las guerras de los polacos contra los rusos y los suecos destruyeron numerosas comunidades judías en Europa Oriental. Las diferencias de condición y de clase entre ambos grupos judíos fueron muy profundas y evidentes. Los sefardíes eran gente acaudalada con un elevado nivel de educación, mundano y refinado en tanto que los ashkenazim eran extremadamente pobres, de condición marginal aun en sus comunidades de origen, pocos de ellos sabían leer y escribir algún otro idioma que fuera  el idisch o el hebreo. 

Impedidos de unirse en gremios, los ashkenazim se dedicaron a trabajar  para su sustento en tareas despreciadas por los sefaradim- el comercio minorista, la nueva manufactura del tallado de diamantes y las actividades como prestamistas. Las distinciones entre las dos ramas judaicas eran muy visibles, los sefaradíes grababan sus cubiertos y objetos ceremoniales con sus escudos de armas. Una estampa del siglo XVIII muestra a uno de sus rabinos usando un turbante.
Un rabino de Polonia tenía un sombrero de piel, muchos de sus seguidores eran muy pobres y hablaban idish.

Con el curso de los años las cosas fueron cambiando, a comienzos del siglo XVIII la comunidad portuguesa se había estancado, las condiciones económicas se habían tornado dificultosas, los problemas financieros se agudizaron y numerosas fortunas se habían esfumado con la bancarrota.
Por su parte la comunidad ashkenazi había crecido y se adaptaba mejor a las nuevas circunstancias. Ambas comunidades residían juntas en la misma ciudad y en el mismo barrio, el mismo donde en el siglo pasado Rembrandt había establecido su residencia cuando cayó en desgracia.

Pero a lo largo del siglo XVIII la situación económica continuó agravándose, en 1763 y 1772-1773 hubo crisis económicas muy graves que afectaron aún más a la comunidad.

La Revolución Francesa y la proclamación de la República de Batavia en 1796 cambiaron radicalmente las cosas.

 En 1796, la Asamblea Nacional, libre y directamente elegida por los habitantes de las Provincias Unidas estableció que desde ahí en adelante los judíos serían ciudadanos holandeses, habían logrado así su Emancipación.

Las comunidades, tanto ashkenazies como sefaradíes se habían dividido entre los sectores dominantes ricos y poderosos y otro grupo progresista también, integrado por miembros de ambas comunidades que lucharon por los derechos de los nuevos ciudadanos. 

*Emancipación e integración del judaísmo holandés

Fue así que los judíos, en 1848, pasaron a formar por primera vez, parte del gobierno de la ciudad y de la Asamblea Nacional. Los judíos de Amsterdam eran el diez por ciento de la población, no obstante ya contaban con varios representantes que pertenecían al partido liberal, el único no religioso que buscaba la emancipación para todos los sectores de la sociedad holandesa.

 En principio solo los más ricos podían votar, recién en 1918 los holandeses tuvieron el sufragio universal. Cuando el heredero Guillermo I fue coronado como rey de Holanda, luego de la derrota de Napoleón, una de las primeras medidas que tomó fue destinada a  lograr la asimilación de ambas congregaciones y su total unificación.

En el siglo XIX las diferencias se desdibujaron y la influencia holandesa se hizo más visible en ambos grupos, los representantes comunitarios pueden verse en una imagen utilizando los tradicionales suecos holandeses de madera. La tradicional mesa de Pesaj que terminaba siempre con las palabras “El año que viene en Jerusalem” introdujo un nuevo término relacionado con el sionismo.

El movimiento para la creación de un Hogar Nacional Judío se desarrolló desde sus inicios en Holanda a través de los esfuerzos de los socialistas e intelectuales no religiosos.

*Los Judíos de Amsterdam y su vida cotidiana

Hacia fines del siglo XIX los primeros judíos se instalaron en un nuevo vecindario de Amsterdam. En 1886 estos judíos crearon la sociedad “Hulpe Israëls” (la ayuda de Israel) en 1892 esta sociedad creó su propia sinagoga en Gerard Dou 238.

Hasta la Segunda Guerra Mundial la Sinagoga de Gerard Dou creció. Era conocida como el lugar donde intelectuales y rabinos rezaban junto a los trabajadores.

En Rosh Hashaná de 1943 la sinagoga brindó su último servicio de los años de guerra. Escondida entre dos casas en la angosta calle de Gerar Dou la sinagoga permaneció oculta a los ojos de los nazis, el edificio sobrevivió a la guerra.

El primer servicio en Holanda después de que la Segunda Guerra Mundial fue llevado a cabo en la sinagoga de la calle de Gerard Dou en la segunda mañana de Shabbat después del 5 de mayo de 1945. En ese tiempo fue la única sinagoga ashkenazi que puedo ser usada en Amsterdam.

La exposición en el Museo Judío de Amsterdam muestra colecciones de postales de fotos, retratos, gráficos e impresos que ofrecen una cabal imagen de la diversidad. Las tarjetas postales muestran un barrio de la Amsterdam judía, también exhiben las sinagogas de las ciudades y pueblos de toda Holanda.

Los retratos (en vidrios oscuros) estaban hechos por el Estudio de Jacob Merkelbach, donde las celebridades holandesas y los ciudadanos influyentes se habían hecho retratar.
La colección de los objetos históricos contiene numerosos objetos de la vida cotidiana. Pero a los comienzos del siglo XVIII, Amsterdam tenía virtualmente el monopolio de la industria del diamante en el Norte de Europa.

Los comerciantes de diamantes en Amberes y de otros lugares venían a reclutar a los cortadores y los pulidores de la comunidad judía de Amsterdam que era sinónimo de habilidad y especialización en esas tareas.

La industria judía del diamante floreció a través de todo el siglo XIX, llegando a ser una de las principales industrias de Amsterdam, se lo llamó el “Período del Cabo”.

 A fines del Siglo XIX el tradicional barrio judío de Amsterdam estaba formado por la unión de las dos antiguas comunidades, eran casi todos pobres y estaban totalmente integrados a la sociedad holandesa desde la conservación de su identidad judía.

*El Fútbol, el Ajax y el Gueto Judío de Amsterdam

  

      
Guetto de Amsterdam      Judíos de Amsterdam

El Ajax era el equipo del Gueto del Amsterdam. Cada domingo, los puestos del pintoresco y animado mercado judío (parecía Calcuta, más fría), cerraban más temprano, porque necesitaban ir derecho al estadio. El partido era un flamear de banderas, algunas con los colores del Ajax y la Estrella de David que era llamada la estrella del Ajax. Luego llegaron los cazabombarderos de Hitler que destruyeron Rotterdam provocando 900 muertos: Holanda se rindió dos días después.

 Kuper, un periodista de familia judeo holandesa, nacido en Uganda, escribe en el Financial Times y en The Observer. Es un gran apasionado del fútbol. y autor también del libro  Football contra los enemigos (2003). Ha escrito un libro extremadamente interesante y conmovedor: El“Ajax, el equipo del gueto” subtitulado “El fútbol y la Shoa”, en él,  Kuper quiere desmitificar el mito de la Holanda “buena” que se opuso con coraje a los nazis.

Ha elegido contar el Holocausto desde un ángulo particular, aquel del football, instrumento que Hitler y Mussolini utilizaron para su propaganda. La belleza del libro se halla en la cuidadosa investigación de testimonios y episodios que la memoria colectiva holandesa ha cancelado o ha dejado depositada en los casetes.

No es muy habitual encontrar la historia de la Shoá y temas sobre el antisemitismo del modo tan original y atractivo como se ha hecho contando la historia de un club  de fútbol.

 Ese es el mérito que tiene el libro escrito por Simon Kuper. Utilizar una ciencia social como es la historia, con todas las garantías que ofrece el método de la disciplina, para abordar el  tema que le preocupa
En esta antigua y muy controvertida historia de un club de fútbol, el Ajax, se hallan mezcladas varias cuestiones, todas ellos importantes, pues nos hablan del drama padecido por el judaísmo holandés y de expresiones de antisemitismo actuales, algunas muy solapadas y otras groseramente evidentes.

Nos estamos refiriendo a los seguidores del Ajax, el equipo de Ámsterdam que acostumbran auto designarse como judíos, “judíos de Dios”, suelen usar el Maguen David como uno de sus distintivos y lo que es mucho más llamativo y provocativo, por lo menos para el público que no quiere a los judíos, es la presencia de los fanáticos portando la bandera de Israel.

Simón Kuper

   

Es un historiador, graduado en Oxford, apasionado del fútbol y periodista del Guardian, también es un periodista deportivo que ha trabajado durante tres años alrededor de este extraño silencio y luego de un primer ensayo publicado por una revista holandesa ha publicado un libro apasionante y despiadado. “El fútbol – ha descubierto Kuper – ocupa el lugar donde estuvieron el Holocausto y la vida cotidiana”.

Durante la ocupación nazi cerca de tres cuartos de los judíos holandeses desaparecieron en los campos de concentración, pero la zona gris de la complicidad y la colaboración fue mucho más amplia de cuanto se cree y es una de las cuestiones que sostiene y le preocupan a Kuper: lasEstrellas de David que flamean en el estadio por el Ajax son en realidad el testimonio (aunque del todo involuntario, pero por esta razón mucho más significativo) de una realidad histórica que hasta hace mucho tiempo ha sido negada, dejada de lado, o peor, enmascarada detrás de la figura de Anna Frank y el mito de la tolerancia holandesa.

Ver ondear una bandera con la Estrella de David en un estadio europeo de fútbol es muy sorprendente cuando se recuerdan las cruces célticas y los coros antisemitas comunes entre los grupos de fanáticos de ultraderecha. 

Esto también está muy relacionado con la historia de Amsterdam, cada vez que juega el Ajax, pero no solo allí. Los fanáticos blanquirojos, o la hinchada como se dice en la Argentina, comparten la elección de este símbolo singular (futbolísticamente hablando) con los del Tottenham Hotspur – que también se definen”Yidn”, judíos en idish.

 Pero mientras estos últimos pueden reivindicar un lazo con la comunidad judía que vive en la zona de su club, al norte de Londres, la historia oficial del Ajax no tiene nada que ver con la de los ingleses, tanto por la práctica del fútbol total que realizan así como por las costumbres algo relajadas de las grandes estrellas del equipo, comenzando por la más conocida de ellas, Johann Crujff.

*LOS JUDIOS Y EL FUTBOL

En los años treinta el Ajax era el equipo más amado por los judíos de Amsterdam. El tranvía pasaba por el gueto, llevaba a los vendedores de telas y de diamantes, junto a los hijos, sobrinos y nietos para hinchar por el equipo de la buena burguesía ciudadana. El ala izquierda era Eddie Hamel (ver foto), un judío neoyorkino, excelente jugador, bello y valiente, del estilo de Beckam, era un motivo más para pasar el domingo en el estadio.

En 1940, la Ocupación nazi puso fin también a esto. Hamel (que en aquella época ya había dejado el equipo) murió en Auschwitz, y con él tantos de sus hinchas.

También fue deportado y asesinado el legendario primer periodista y relator radial de fútbol de Holanda que había comenzado carrera en estadio olímpico de Amsterdam en marzo de 1928, el judío Han Hollander


Han Hollander

Caseta de trasmisión

Placa en su homenaje
en el Estadio del Ajax

Leer y hablar sobre una tragedia tan terrible desde la historia de un equipo de fútbol nos permite analizar la Shoá desde una visión diferente pero no menos importante y necesaria.

Muy valiosa por su capacidad desmitificadora acerca de hechos escasamente tenidos en cuenta al investigar sobre el pasado próximo. Ciertamente el colaboracionismo de muchos holandeses no fue detenido por la pertenencia a la misma camiseta: los nombres de otros jugadores del Ajax de aquella época, aparecen entre aquellos que estaban inscriptos en el partido nazi, entre los delatores, o entre los simples entregadores de  judíos que se quedaron con sus bienes.

 En el archivo de otro equipo de la época, el Sparta Rotterdam, Kuper descubrió el rostro burocrático y eficiente del Holocausto: son las cartas, diferentes pero despiadadas, con las cuales se comunicaba a los socios judíos que en razón de las nuevas leyes su afiliación al club había sido cancelada.

Entre los documentos se destaca un gran cartel –tal vez conservado por esa razón – con las palabras “Prohibido a los Judíos”, que se colgaba sobre la puerta del estadio.

También en Italia los dos entrenadores de los equipos más importantes del período fueron obligados a dejar sus puestos a causa de las leyes raciales.  Arpad Weisz, el judío húngaro inventor del Bologna “que hizo temblar al mundo” fue licenciado poco después del comienzo del campeonato 38-39. 

Weisz fue el mejor entrenador de fútbol antes los años treinta y le hizo ganar tres scudettos al gran equipo de Bologna. Era húngaro de nacimiento, descubridor de Meazza e inventor de la figura moderna del entrenador, Weisz tuvo una historia personal extraordinaria y dramática. Judío, fue obligado a abandonar Italia en 1938 por las leyes raciales, junto a su mujer, también ella judía y a sus dos hijos. Luego de una larga y desesperada fuga por Europa a la búsqueda de un escondite los Weisz fueron capturados en 1942 en Holanda. Luego fueron llevados al campo de concentración: primero a Westerbork, luego a Auschwitz. donde fueron asesinados los cuatro.

Egri Erbstein, también judío húngaro, director técnico del Torino, equipo de fútbol italiano e inventor de un estilo futbolístico propio, huyó al extranjero para no caer en manos de los nazis, pero no pudo evitar caer prisionero en un campo de concentración. Sobrevivió y volvió a su puesto, después de la guerra, para morir en la tragedia del Superga, montaña donde se estrelló el avión que llevaba a todo el equipo del Torino a jugar un partido de fútbol.

 El libro de Kuper es extraordinario por haberse esforzado mucho en reconstruir una historia en parte inédita del fútbol europeo durante los años de la guerra. Kuper realiza un trabajo sumamente eficaz reconstruyendo el pasado a través de los poquísimos testimonios de los escasos sobrevivientes y el rol jugado por la guerra en la cuestión de las raíces judías del Ajax.

A comienzos de los años sesenta, la reconstrucción de lo que convirtió al Ajax en uno de los equipos más conocidos del mundo estará necesariamente relacionado con algunos personajes profundamente afectados por aquella tragedia: el presidente Jaap Van Praag, un negociante de discos judíos, que escapó de las razzias nazis porque estuvo escondido durante dos años en el sótano de un fotógrafo; Maup Caransa, también judío, pero salvado por su matrimonio con una mujer católica. Y los hermanos Freed y Wim Van Der Mejiden, dos empresarios inmobiliarios, más conocidos con el nombre de los “constructores del  bunker” por sus servicios prestados a los nazis y por haber sido procesados luego de la liberación.

Es un extraño terceto, pero explica bien los motivos del silencio oficial del Ajax sobre la Estrella de David en manos de su hinchada: el puñetazo recibido por los holandeses en la posguerra en su enfrentamiento con su propio pasado bajo la ocupación nazi. “Un equipo de fútbol es como una familia” – escribe Kuper – y esto es particularmente cierto para aquellos que no tienen una propia.

No quedaban muchas familias judías luego del Holocausto. Huérfano de padre, también Johann Crujff fue “adoptado” por el Ajax. No es judío, en todo caso lo es por la parentela adquirida, su mujer es judía, pero un rumor, todavía popular en Israel (donde el Ajax es amadísimo) afirma que es judío.

La leyenda del “equipo judío” ha nacido ahora, se ha difundido y permanece – siempre más lejana de sus raíces históricas – testimoniando de alguna manera, el sentido de la comunidad perdida – el eclecticismo y el genio, siempre presente en la psicología del Ajax en el campo de juego. También trágicamente reaparecido en el antisemitismo vulgar, con la imagen guerrera que caracteriza ahora los coros de la ultraderecha del Feeyenord, el equipo de Rotterdam, acérrimo enemigo de los blanquirrojos que hacen rimar la s……..de gas con la palabra Hamas.

Para alguna gente, especialmente para la dirigencia del Ajax esto estimula el racismo y el antisemitismo, especialmente de los rivales y oponentes del equipo, el Feyenoor, que siempre recibe a sus rivales con una especie de silbido que es una burla que alude a los hornos de Auschwitz y que rima con Hamas.

Por otra parte, para aquellos sobrevivientes de la masacrada comunidad judía de Amsterdam y muchos de sus descendientes esto es una ofensa y una burla. Les disgusta que esta especie dehooligans vistan y usen distintivos judíos que no les pertenecen, les ofende y disgusta. En tanto que para los israelíes y los judíos de otros lugares no solo no es ninguna ofensa, les agrada que los más importantes símbolos judíos sean exhibidos en los campos de fútbol, donde el racismo, el antisemitismo y la xenofobia son un tema de mucha actualidad. 

Así las cosas, y con la dirigencia del Ajax negando cualquier conexión judía con el pasado del club, hay quienes no piensan lo mismo y se dedicaron a la búsqueda de la verdad.

Esa verdad que oculta mucho dolor y amargura, especialmente la de la muy antigua comunidad judía holandesa, la de Amsterdam muy especialmente y el terrible destino que representó para ellos, el surgimiento del nazismo y la invasión alemana a su país.
El dolor está nutrido de un recuerdo extremadamente doloroso, el de los amigos, vecinos, conocidos, compañeros del club, delatando a los judíos, colaborando con los nazis en el traslado de sus compatriotas a los mataderos nazis sin el menor rechazo ni escrúpulo moral.
Un escritor como Simón Cuper se ha ocupado de contar esa oculta y dolorosa verdad que debe ser conocida y hablada en voz alta.

 Es recordar, que el partido nazi holandés fue el que mayor número de adherentes tuvo fuera de Alemania. Y que la bondad y la solidaridad de la gente que ayudó a la familia Frank y sobre todo a la célebre Ana, no sirven para exculpar y librar por lo menos del juicio moral que les cabe, a quienes fueron cómplices de los nazis, tan asesinos como ellos, a quienes delataron, entregaron y robaron a sus conocidos, vecinos y conciudadanos judíos.

En números anteriores hemos contado la vieja historia del barrio judío de Amsterdam, donde vivió Rembrand y de quienes fueron sus vecinos, sobre el olor de la comida española que flotaba en el aire los viernes a la mañana. También hemos contado como luego llegaron los azkenazim y finalmente ambas comunidades quedaron entremezcladas (Números 19,20,21,22 de MILIM Revista Digital-ver www.milimcultural.com.ar ).

Gran parte de esa comunidad fue asesinada en la Shoa. Admiradores y seguidores del Ajax, el equipo del lugar amado por la mayor parte de los habitantes de ese barrio. Esos judíos, producto de la Emancipación, se dedicaban a la práctica de los deportes, integrándose a todas las expresiones de la vida cotidiana europea, en todos aquellos lugares donde les era permitido hacerlo, uno de esos lugares fue Holanda. En el Segundo Congreso Sionista, Teodoro Herzl, el primer sionista moderno instó a los judíos a ejercitar tanto sus músculos como su mente. En tanto que Max Nordau llamó a los judíos a desarrollar la musculatura, a cultivar las actividades físicas para lograr un “judaísmo muscular”.

Los judíos de Amsterdam participaron con sus propias características en todas las actividades existentes dentro de la sociedad holandesa. Se dedicaban a varios deportes, eran boxeadores, nadadores, practicaban el atletismo y hasta tenían cinco clubes de fútbol. Pero el verdadero club del barrio judío del este de Amsterdam, el club de sus amores, era el Ajax.

Aunque no eran muchos los que podían ser socios, pues eran extremadamente pobres, no tenían ni el dinero ni el tiempo necesario para poder asociarse. Los precios de la vestimenta de un jugador eran inalcanzables para los chicos de esa época. Sin embargo y gracias al testimonio de Cuper nos enteramos de que en los años 20, el Ajax estaba empapado de cultura judía. “Una fiesta de celebración por un campeonato tuvo lugar en el teatro de Abraham Tuschinski, con música de  Max Tak”.

Los partidos del Club eran usualmente programados en el Café d’Ysbreeker, el lugar de reunión de los judíos socialistas. La revista del club Ajax – Blauw Wit que fue presentada por primera vez el primero de enero de 1918, en el Teatro Centra, estaba escrita por Leo Lauer, un periodista judío del principal diario judío de los domingos el Cetem. La mayor parte de los vendedores del estadio del Ajax eran judíos. . . Pero en el este de  Amsterdam las únicas organizaciones sin cultura judía eran el partido nazi holandés NSB y las iglesias. . Egon Erwin Kirsch, un periodista de Praga escribió una vez: ‘Amsterdam es la ciudad de los judíos y las bicicletas'”.

En su libro Simón Cuper sostiene que negar el pasado judío del Ajax, es fundamentalmente  negar la existencia de toda aquella alegre y fervorosa judería seguidora del Ajax que ha sido   asesinada. Del barrio judío casi no ha quedado nada, y no hay judíos que aún vivan allí. Los pocos seguidores del Ajax que han sobrevivido al exterminio, viven en Israel o en otra zona de Amsterdam.

Todos recuerdan que ese barrio los domingos se convertía en un bazar adonde llegaba la gente de toda la ciudad para comprarles a los judíos, quienes a la hora del partido cerraban sus negocios y acompañados de sus chicos se dirigían como podían al partido que jugaba el Ajax.

 Los judíos fueron seguidores del Ajax porque formaba parte de sus vidas, de su barrio, porque allí compartían con los no judíos, con los otros su identidad holandesa, en la que se sentían perfectamente integrados.
 
Un pasado holandés con un vínculo y una complicidad muy fuertes con el nazismo por parte de la población, como contraparte de la integración y buena relación existente entre el judaísmo holandés, específicamente el de Ámsterdam, con su identidad nacional. El fuerte racismo y antisemitismo que se siguen expresando aún ahora, cuando ha transcurrido tan poco tiempo de la horrible historia de los judíos de Amsterdam en la Shoá.

También existe el vínculo afectivo existente entre la población israelí por todo lo holandés y en particular por su fútbol y su desconocimiento de las crueldades cometidas con los judíos del barrio de Ámsterdam. Esos leales y amantes seguidores del Ajax que fueron perversamente olvidados y traicionados por aquellos con quienes habían compartido sus vidas y aficiones. Kuper quiere desmentir el mito de la Holanda “buena” que se opuso con coraje a los nazis y salvó (“casi”, escribe con amarga ironía) a Anna Frank y a otros tantos judíos.

 En verdad, de los 140.000 judíos que vivían en los Países Bajos antes de la invasión nazi, otros cien mil perdieron la vida. Los judíos fueron arrestados por complacientes policías holandeses. Otros entusiastas ferroviarios los pusieron sobre los trenes que los llevaron a los campos de exterminio.

Eichman durante el proceso de Tel Aviv de 1961, dijo que se había sentido muy satisfecho por el trabajo preciso y puntual de los holandeses. Anna Frank fue capturada por tres policías holandeses y un alemán, por la delación de otro vecino holandés. Uno de los tres policías responsables del arresto continuó tranquilamente desarrollando su trabajo hasta 1980.

Holanda fue “cobarde y ambigua” durante la ocupación, esa es la tesis de  Kuper. Como lo demuestra la reticencia a hablar sobre las vicisitudes del fútbol, el mejor ejemplo de lo que afirma: atletas, socios de clubes, obligados de un día para el otro a dejar su equipo y desaparecer. Muchos jugadores judíos, algunos célebre titulares de la camiseta nacional, tuvieron un horrible final.

 Durante la ocupación nazi, cerca de tres cuartos de los judíos holandeses desaparecieron en los campos de concentración, pero la zona gris de la complicidad y la colaboración fue mucho más amplia de cuanto se cree.

Las Estrellas de David y las banderas israelíes que flamean en el estadio del Ajax son en verdad el testimonio (aunque del todo involuntario, pero por esta razón mucho más significativo) de una realidad histórica que hasta hace algún tiempo ha sido negada, dejada de lado, o peor enmascarada detrás de la figura de Anna Frank y el mito de la tolerancia holandesa. Los israelíes aman Holanda y son seguidores de su fútbol.

Algunos de ellos también son sobrevivientes, y fueron ayudados y protegidos por los buenos holandeses. También ellos existieron, fueron los que mantuvieron la moral y la ética con riesgo de su propia vida,  fueron los que no adhirieron al nazismo ni se refugiaron en la indiferencia.

 Ciertamente el pasado del Ajax está profundamente relacionado con el pasado del barrio judío, con Amsterdam misma, a quienes los judíos llamaban Mokum en idish, la “ciudad” o “el lugar”. Amsterdam fue el hogar de la mayoría de los judíos holandeses y el centro de la cultura judía en los Países Bajos. Pero el vínculo de los judíos con el Ajax no solo se remonta a los años anteriores a la guerra.

 En los años sesenta, el club tuvo un presidente judío que le devolvió viejas glorias pasadas. Este fue Jaap van Praag, cuyo apellido traducido al holandés significa “el que llegó de Praga”, él, como casi la mayoría de los judíos, encontró el seguro refugio que a lo largo de los siglos Amsterdam ofreció a los judíos perseguidos que llegaron desde todas partes. Hasta que los nazis invadieron Holanda. . .


Jaap van Praag

No volvió ninguno de los 1000.000 deportados a los campos de concentración. Jaap van Praag, que murió en 1987, tuvo que vivir escondido por un número de años durante el nazismo y sobrevivió apenas a ese capítulo oscuro en la historia del mundo.

Su hijo Michael van Praag le devolvió los laureles al club en los años noventa. Los fanáticos del Ajax no obstante llamarse judíos y utilizar banderas israelíes y usar tatuajes del Maguen David, escuchan los cánticos antisemitas, burlas sobre  los campos de concentración y el Hamas pero no saben lo que significa.

No saben nada de Israel y su historia, Michael van Praag afirma que ellos son tan judíos como él chino. Sin embargo por esas ironías que a veces tiene el destino, Israel y las tradiciones judías llegaron a formar parte de la existencia del Ajax como club de fútbol.

Si para los Israelíes esto es algo muy bueno, para los judíos holandeses no lo es.
El ex jugador del Ajax Bennie Muller contó:

” a veces cuando estoy sentado en el estadio y escucho los gritos de esa gente loca ‘Nosotros somos los Super Judíos y los Judíos son campeones me levanto y me voy a casa” dice, cerca de doscientos miembros de su familia murieron en el Holocausto y él recuerda vívidamente el día en que se llevaron a su madre “Tenía dos hermanos y dos hermanas. Todos los chicos  estaban llorando. El alemán dijo,‘Oh, dejémoslos a ellos’ pero los nazis holandeses dijeron que no. Mi madre tenía 11 hermanos y hermanas” Su madre sobrevivió, pero sus parientes fueron asesinados. La gente mayor sabe lo que sucedió en la guerra. Pero estos fanáticos no lo saben. A mi me gustaría que ellos se detengan pero no lo hacen. Hablé con muchos judíos. A todos ellos les gusta, se ríen de esto, pero para los judíos de Amsterdan esto no solo es desagradable, es increíble” dice Muller

Tal vez Muller tampoco pueda entender a los israelíes, que se sienten rechazados con los cánticos antisemitas, antisraelíes y pro nazis en algunos estadios europeos y cuanto les complace oír el apoyo masivo a Israel, a su bandera especialmente, en el estadio de una ciudad europea occidental.

La historia de las relaciones entre los judíos, Israel y los Países Bajos es interesante con muchos grandes momentos, pero también de instantes de vergüenza, tristeza y pesar profundo.

El modo en que algunos holandeses amenazan con insultos a los jugadores de fútbol de Mokum y el modo en que algunos Mokumjmers responden es una grosera mezcla de sentimientos proisraelíes y de antisemitismo que no beneficia a nadie. Fieles a nuestra costumbre hemos decidido ocuparnos del destino de algunas de las personas y las instituciones nombradas en la historia judía del Ajax. “Un  partido del campeonato podía tener lugar en el teatro de  Abraham Tuschinski, con música de  Max Tak”.

Gracias al testimonio brindado por el Museo Judío de Amsterdam logramos conocer la historia del Teatro Tuschinsky, una institución del asesinado judaísmo holandés.

 Entre 1918 y 1921 el Teatro Tuschinski se hallaba sobre la  Reguliersbreestraat. Era el invento genial del legendario Abram Icek Tuschinski (1886-1942), un judío polaco que llegó a los Países Bajos, huyendo de los  pogroms en su lugar de nacimiento. Su carrera comenzó en Rotterdam, donde creó cuatro cines y un hotel para los emigrantes que estaban en viaje hacia Norteamérica.

En  1917, junto a sus cuñados Gerschtanowitz y Ehrlich, se mudaron a Amsterdam, donde intentaron realizar su sueño de construir un palacio del cine. Eligió una sórdida esquina de Amsterdam para instalarlo, conocida como Duvelshoek (La punta del  Diablo), un distrito venido abajo dentro del centro de la ciudad. Habiendo comprado el terreno tiró abajo los edificios existentes. Los planos para el cine fueron diseñados por Hijman Louis de Jong. Sin embargo no llegó a completar el encargo, luego de haber tenido varias peleas con Tuschinski –quién era apropiadamente llamado el  ‘Napoleón de la Punta del Diablo’. 

Tuschinski  acomodó los planos de su palacio de acuerdo a sus propios puntos de vista y empleó decoradores que dejaron cada uno su marca personal a cada lado del edificio. Esto finalmente resultó ser una mezcla de estilos arquitectónicos, incluyendo el Art Nouveau y el  Art Deco, y la Escuela de Amsterdam.

Por esa época, algunos críticos se referían a él condescendientemente como ‘una arquitectura de torta de crema’ o el ´’flighty film palace’ Hacia comienzos de la década del treinta, Tuschinski tuvo problemas financieros y el palacio del cine se perdió como todo lo demás con la llegada de los nazis.

Ni Tuschinski ni sus cuñados sobrevivieron a Auschwitz.

 Una placa dedicada a su memoria cuelga del hall principal del cine. La construcción fue recientemente restaurada y es uno de los cines más populares de Amsterdam.

Este antiguo puerto de refugio de los judíos está muy ligado a nuestra historia, a un pasado ineludible, porque es muy cercano, por todo lo que aun no se ha dicho, y no contar toda la verdad es una de las formas que adquiere la mentira. Nosotros seguiremos, investigando recogiendo y dando todos estos testimonios sobre un mundo asesinado que solo recupera su vitalidad cuando lo recobramos del pasado, manteniendo su recuerdo, en su memoria.

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