OBSERVACIONES AL TEXTO: “MAURICIO HOCHSCHILD: EL SCHINDLER BOLIVIANO”

Por LEÓN BIEBER                COMENTARIO

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Este es un pedido de aclaración y texto complementario  con las observaciones del historiador Dr. Leon Bieber  sobre el artículo
“Mauricio Hochschild: El Schindler boliviano, publicado en el N° 257 de MILIM REVISTA DIGITAL

http://milimcultural.com.ar/?s=milim257

León E. Bieber
Observaciones al texto “Mauricio Hochschild: El Schindler boliviano.
Un comentario. Salvó a 9.000 judíos del nazismo” (1)

El Dr. León E. Bieber es un historiador boliviano de origen judío. Ha sido docente de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM).

(1) En el texto electrónico se afirma que Mauricio Hochschild (M.H.) habría pagado a los inmigrantes judíos que salieron de la Europa central a Bolivia “el transporte, los trámites migratorios y la estadía a los recién llegados”. Es absolutamente necesario señalar y reafirmar, una vez más, como ya lo he hecho en un artículo publicado en Página Siete(2), que el señalado magnate minero no financió ni el transporte, como tampoco los trámites migratorios y mucho menos la estadía de aquéllos.

Sin querer redundar en el asunto solamente lo siguiente. Los que organizaron y masivamente financiaron ese éxodo fueron: el JOINT (detalles sobre éste más adelante) y un comité de asistencia al inmigrante israelita, el HICEM, que jugó un papel fundamental en el costeo de los pasajes(3). Ambas instituciones también contribuyeron al financiamiento de los trámites migratorios; pero en este contexto jugaron un rol decisivo determinadas agencias de viaje y, sobre todo, representaciones diplomáticas bolivianas que por variados montos extendían visas dolosas; los cuales, probablemente con escasas excepciones, eran abonados por los propios inmigrantes(4)
En cuanto a los expendios por la estadía, éstos prácticamente en su integridad corrieron por cuenta del JOINT (por las siglas en inglés; en español Comité Americano para la Distribución Conjunta) fundado en 1914 con sede en Nueva York. En los años de la Segunda Guerra Mundial erogó casi 79 millones de dólares para apoyar a judíos fugitivos, sobre todo para que emprendiesen una nueva existencia en los países donde encontraron refugio.
 
Fue exactamente este rol el que desempeñó respecto a los miles de judíos que llegaron a Bolivia entre 1938 y 1940. El 90% o más del respaldo financiero que recibieron provino de esta institución. No cabe duda que en los tres aspectos señalados M.H. sólo jugó un rol absolutamente secundario. El que él hubiese “traído entre 2.000 y 3.000 judíos”, tal vez hasta 9.000, como figura en el correo electrónico mencionado no significa para 1 Texto difundido por correo electrónico sin autor.
Enviado por Alberto Abecasis Bothol a diversos órganos de prensa. Abecasis tuvo la amabilidad de hacerme llegar una copia.
2 Véase León E. Bieber, “Mauricio Hochschild y la inmigración judía a Bolivia” en: Página SIETE del 9 de julio de 2017. Sección Ideas, pp. 6-7.
3 HICEM es una organización establecida en 1927, tras la fusión de tres organizaciones de ayuda a judíos hostigados en su país de residencia o expulsados de éste. Se trata de un acrónimo de las instituciones: la Hebrew Immigrant Aid Society (HIAS) de Nueva York, la Jewish Colonization Association (JCA) con sede en París y en el United Jewish Emigration Committee (Emigdirect) con asiento en Berlín.
4 Este asunto he tratado extensamente en mi libro “Presencia judía en Bolivia. La ola inmigratoria de 1938-1940”, 2da. edic., Santa Cruz de la Sierra (Lewy Libros/El País) 2015, pp. 58-67.
 
2 nada que habría financiado su transporte, sus trámites migratorios o su estadía. Y en cuanto a la afirmación inmersa en el mismo párrafo citado, en el sentido que los inmigrantes judíos que arribaron a Bolivia (si bien no se indica, la referencia sólo puede aludir a aquellos que llegaron al país entre 1938-1940) “primero recalaron en una granja agrícola en la región cocalera de Yungas”, ésta tampoco tiene nada que ver con la realidad.
De aquellas entre 7000 y 8000 personas tan sólo alrededor de 300, y ello por un tiempo muy corto, migraron hacia allá, en tanto que casi todos se radicaron en centros urbanos, principalmente en La Paz y Cochabamba. En este contexto también cabe preguntar de dónde el citado Ricardo Udlersostiene que “por la década de 1940, la población de judíos se elevaba a unos 15.000”. Basándome en entrevistas y vasto material bibliográfico he tratado de desentrañar una cifra al menos aproximadamente correcta, llegando a la conclusión que probablemente han sido entre 7.000 y 8.000 personas.5
 
Cabe entonces preguntar en qué consistió el apoyo de M.H. Ya en el transcurso del primer semestre de 1939, se había producido una estrecha relación entre él y el JOINT. Después de que en aquel año las más altas personalidades de esta organización se reunieron con aquél en Nueva York, llegando a conocer sus contactos con funcionarios del gobierno (para entonces él ya era el segundo empresario minero más importante de Bolivia), así como la energía que había consagrado al problema de los refugiados judíos en Bolivia, entre 1939 y 1944 pasó a ser la persona de confianza del Comité Americano en todos los asuntos relativos a la comunidad judía radicada en territorio boliviano. Al contar con suficiente respaldo económico y habiendo recibido el voto de confianza por parte de la acaudalada institución norteamericana, Hochschild habría de convertirse en el principal promotor e impulsor de las dos instituciones que llegaron a ser los pilares para promover el proceso de integración de miles de judíos en la vida económica del país suramericano.
 

Mauricio Hochschild

Por iniciativa de su empresa minera fue organizada, en enero de 1939, la Sociedad de Protección a los Inmigrantes Israelitas (SOPRO), a través de la cual fueron canalizados los fondos que el JOINT ponía a disposición para ayudar a aquella población. Es precisamente esta transferencia de fondos la que dificulta y hasta imposibilita, discernir los aportes del magnate minero provenientes de esos fondos de aquellos de su propia pecunia. La SOPRO reclamó para sí el derecho de monopolizar en adelante la labor inmigratoria, lo cual de hecho aconteció hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial.

 
Catorce meses después de establecida la Sociedad, vale decir en marzo de 1940, negociaciones entre Hochschild y el JOINT culminaron en la fundación de la Sociedad Colonizadora de Bolivia 5 Véase op. cit., pp. 67-82.3.  (SOCOBO), cuya presidencia aquél asumió inmediatamente. De todos los compromisos que él contrajo respecto a la inmigración judía, sin duda su plan de colonización agrícola fue la piedra angular.
 
Ello porque con el asentamiento de al menos un elevado porcentaje de los inmigrantes en el campo se habría cumplido con lo estipulado en un considerable número de las visas otorgadas, conforme a las cuales una apreciable mayoría de ellos debía pasar a trabajar como agricultor. Además, corolario de esta migración sería su alejamiento de las dos ciudades principales del país, vale decir de La Paz y Cochabamba, en las cuales sus integrantes se habían concentrado masivamente, hecho que, a su vez, conllevaría a poner freno al creciente antisemitismo en ellas.
No cabe duda que entre enero de 1939, cuando fue creada la SOPRO y marzo de
1940, mes en que fue fundada la SOCOBO, vale decir en el transcurso de
escasamente 14 meses, M.H. logró una gran proeza: Fueron sus vínculos con el
JOINT, su control secante de la SOPRO, su gran talento organizativo y su incansable laboriosidad los que permitieron que, en escasamente una década después de su arribo centenares, quizás algunos miles, de inmigrantes pasaron a formar parte de los sectores medios urbanos de Bolivia y que en esta calidad quedasen integrados en la vida económica nacional. Sin lugar a dudas, este fue el mayor y para nada insignificante aporte que dio a la ola inmigratoria llegada al país suramericano entre 1938 y 1940.

A quien lo desee, con gusto le enviaré una fotocopia de mi mencionado artículo.

León E. Bieber
lebieber@gmail.com

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