Comunidad Judñia de Florencia, Italia

florencia01Realizada sobre un proyecto de los arquitectos Marco Treves (judío), Mariano Falcini e Vincenzo Micheli, la construcción de la Sinagoga de Florencia, se realizó entre los años 1874 y 1882. Fue inaugrada el 24 de octubre de 1882, David Levi, dejó en su testamento una fuerte suma de dinero para la construcción de un “edificio de culto” “degno della città di Firenze”, digno de la ciudad de Florencia.

florencia02Se trata de un ejemplo por demás significativo de templo monumental realizado en estilo moresco, y construido con un raro equilibrio y armonía. La planta del edificio está inspirada en la Iglesia de Santa Sofía en Constantinopla, clásico ejemplo de la arquitectura bizantina. Todas las paredes internas fueron adornadas entre 1882 y 1890 por un pintor local, Giovanni Panti, que uso oro-galvanoplastia para destacar los diseños moriscos. La parte del Haron Hakodesh (Arca Santa) está construido con columnas hechas en mármol negro y con una rica decoración dorada en mosaico veneciano.

 

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Exterior Sinagoga de Florencia

  El origen de la Comunità Ebraica di Firenze

florencia03Es posible que la presencia judía de Florencia se remonte a fines de la época romana. En el 1428 se realizó en Florencia un congreso judío con el objetivo de  recaudar fondos de toda la comunidad para solicitar la protección del Papa contra el antijudaísmo desencadenado por algunos que no querían a los judíos. La República  Florentina invitó por primera vez, en 1430 fue a un grupo de judíos a establecerse en la ciudad.

El Duque Cósme I de Medici, (y su consejero Jacob Abravanel un judío de  Nápoles) en 1551, promulgó una extensa Carta de Privilegio (Dirigida a “griegos, Turcos, Moros, Hebreos, Armenios y Persas”), en la cual se garantizaban concesiones y privilegios commerciales a los orientales que quisieran establecerse en el territorio del estado. Así comenzó a constituirse en Florencia un núcleo de judíos sefardíes.

En 1571, Cósimo I, devenido Gran Duque de la Toscana, aceptando una indicación del Papa, (debido a la obtención de ese titulo) estableció la creación de un “ghetto” para los judíos en una zona del actual Centro Histórico. En su interior los judíos llevaron su propia vida religiosa, social y cultural, existían dos sinagogas, una de rito italiano y otra de rito español.

 No obstante la segregación en el “ghetto” los judíos de Firenze encontraron por parte de la autoridad y del pueblo una tolerancia singular.

Del fascismo a nuestros días

La toma del poder por parte del fascismo y la Segunda Guerra Mundial golpearon duramente a los judíos de Florencia: casi todas las familias, llevan el recuerdo de un pariente asesinado por los nazifascistas, algunos como combatientes junto a los partisanos y otros porque fueron deportados a los campos de exterminio.

Después de la guerra se comenzó fatigosamente a reconstruir la preciosa sinagoga ya que había sido seriamente dañada por los nazifascitas. Incluso fue usada como depósito de basura, almacén y establo. Aun son visibles, las marcas de las bayonetas, en las puertas del Arca Santa (Haron Hakodesh). En agosto de 1944, en plena retirada alemana, habían hecho estallar algunas minas dentro de las galerías del templo para provocar su total derrumbe. Parte del tesoro de la Sinagoga, escondido de los nazis y transportado al norte de la península fue recuperado. Los trabajos de restauración le devolvieron su antiguo esplendor En el segundo piso está el Museo Judío de Florencia, y en el exterior de la sinagoga, hay un monumento de piedra, en recuerdo y memoria, con los nombres de los 248 deportados judíos muertos en los campos de concentración. También en su frente figuran los nombres de los soldados judíos que combatieron por Italia en la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial), caídos en acción.
La Comunidad Judía de Florencia consta hoy de 1200 personas y posee una Escuela, una organización juvenil, un Centro de Cultura Ebraica, un club deportivo, una Casa di Riposo, un Museo Ebraico y la sección local de la Bené Berith y de ADEI-WIZO.


Goldman y el camino de la salvación

Louis Goldman era solamente un muchacho cuando el horror nazi despedazó Europa. Llegado a Italia en 1943, se salvó gracias a la red de asistencia judeo-católica. Hoy vive en Nueva York, es un fotógrafo de fama, está casado y tiene tres hijos. La familia Goldman vivía en Alemania y con la llegada del nazismo se refugió en Francia. Apenas las tropas alemanas se prepararon para sustituir a las italianas en Francia, Louis, su familia y otros quinientos judíos escaparon a Italia.

Durante algunos meses se refugiaron en la montaña. Su suerte hubiera quedado marcada si no hubieran encontrado al contable Raffaele Cantoni, que trabajaba en los comités judíos de Florencia y Roma. Después de llevarlos a Génova y esconderlos en un convento, Cantoni logró que Goldman y otros judíos llegasen a Florencia, donde el arzobispo, el cardenal Elia della Costa, desarrollaba un trabajo de coordinación similar al de Boetto. La operación no estaba libre de riesgos, ya que los alemanes rastreaban la ciudad del norte de Italia en busca de judíos y partisanos. Louis y su hermano Harry huyeron milagrosamente de un tren de la muerte que llevaba a Auschwitz, mientras el padre, todavía convaleciente de una operación de hernia, fue hecho prisionero y conducido al exterminio.

En Florencia existía un comité secreto compuesto por judíos y católicos que gestionaba las labores de socorro. Formaban parte de él el doctor Nathan Cassuto, rabino de Florencia y brillante oculista; don Leto Casini, párroco y responsable del monasterio de clausura del Espíritu Santo en Varlungo; Matilde Cassin, que ya había trabajado con la Delasem y que, junto al padre dominico Cipriano Ricotti, escondía familias judías en los institutos católicos; Giuseppe Ziegler, un rico comerciante de pieles que provenía de Bruselas; el contable Raffaele Cantoni y cierto señor Kahlberg.

Todo había comenzado cuando el señor Ziegler, por indicación de Angelo Donati (el mismo que se había puesto en contacto con el padre Benedetto), decidió huir de Francia a Italia. La idea era alcanzar Roma, pero el bombardeo de un puente lo obligó a permanecer en Florencia. Ziegler fue recibido primero por Cassuto y, posteriormente, por el cardenal Elia della Costa. Después de haber discutido con Cassuto, el cardenal decidió no poner demasiado en evidencia a la diócesis y encargó a don Leto Casini la obra de asistencia a los judíos.

Por causa de la traición de Marco Ischio, un ayudante de Ziegler, el 26 de noviembre de 1943 las SS capturaron a parte del comité. Los miembros judíos del comité fueron enviados a San Vittore en Milán y de allí, el 30 de enero de 1944, a Auschwitz. Anna, la esposa de Cassuto, negó ser la mujer del rabino porque temía por sus hijos y padres escondidos en Florencia. Cantoni logró saltar del tren en Bolzano, y se salvó con una herida en una pierna. En la posguerra fue miembro honorífico del Ejecutivo Mundial Judío. Don Casini fue liberado pero tuvo que actuar con suma cautela porque sabía que estaba bajo vigilancia estricta. Matilde Cassin escapó por casualidad al arresto.

David Cassuto, uno de los hijos del rabino de Florencia, llegó a Palestina en 1945, a la edad de siete años. Ahora es vicealcalde de Jerusalén. Él y sus tres hermanos fueron escondidos y salvados en Florencia por la red de asistencia de la Iglesia. Anna, la madre, sobrevivió al Holocausto y volvió a Palestina en 1946, donde sus hijos al principio ni siquiera la reconocieron. Desgraciadamente, la señora Anna Cassuto murió asesinada por un comando terrorista que en 1948 exterminó a los 78 ocupantes de un camión que llevaba personal sanitario al hospital del Monte Scopus.

La mayor parte de los judíos de Florencia de aquel periodo se salvaron gracias a la acción atenta y valiente de centenares de religiosas y sacerdotes. Entre ellos hay que recordar a don Giulio Facibeni, director del orfanato Madonnina del Grappa en Rifredi, a don Angelo della Torre, a don Leto Casini, a su colaborador don Giovanni Simoni, a sor Cornelia Cordini del convento de Santa Marta de Settignano, a sor Ester Busnelli del convento de las franciscanas misioneras de la piazza del Carmine, a sor Ludovica Bonatti, de las Siervas de María Dolorosa de la Via Faentina, y a tantos otros cuya historia aún no se conoce. Todos han sido honrados con el título de Justos entre las Naciones.

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