SOBREVIVÍ AL GUETO DE VARSOVIA

AQUÍ ESTÁN LAS LECCIONES QUE ME GUSTARÍAN TRASMITIR

Sobreviví al Gueto de Varsovia.

Aquí están las lecciones que me gustaría trasmitir

Por Stanislaw Aronson

Milim ha elegido este texto porque nos parece que esta advertencia tan lúcida , puede aplicarse a situaciones presentes que nos involucran a todos. Especialmente en cuanto a las mentiras y el efecto sobre las conductas de las personas.

“Tengo 93 años, y como el extremismo se extiende a través de Europa, temo que estamos condenados a repetir los errores que crearon la Shoá.

Stanislaw. ofcial del Regimiento de Fusileros de los Carpatos, bajo el mando británico en Italia.1946

La canciller de Alemania, Ángela Merkel declaró este verano que “cuando la generación que sobrevivió a la guerra ya no esté aquí, vamos a saber si hemos aprendido algo de la historia”.

Como judío polaco nacido en 1925, que sobrevivió al gueto de Varsovia, perdió a sufamilia en el Holocausto, sirvió en una unidad de operaciones especiales del movimiento clandestino polaco, el Ejército Nacional, y luchó en el levantamiento de Varsovia de 1944, sé lo que significa estar en uno de los momentos más violentos de la historia europea, y me temo que la lucha por obtener las lecciones correctas de ese momento corre el peligro de perderse.

Ahora que tengo 93 años y vivo en Tel Aviv, he observado desde lejos en los últimos años cómo los patriotas sentados en sus sillones, en Polonia han tratado de explotar y manipular los recuerdos y las experiencias de mi generación. Pueden pensar que están promoviendo la “dignidad nacional” o inculcando “orgullo” a los jóvenes de hoy, pero en realidad amenazan con engendrar generaciones futuras, ciegas, absolutamente ignorantes de la complejidad de la guerra y condenados a repetir los errores por los que pagamos tan alto pecio.

Pero este no es solo un fenómeno polaco: está sucediendo en muchas partes de Europa, y nuestras experiencias contienen lecciones para todo el continente. Dado lo que he aprendido a lo largo de mi vida, quisiera, en primer lugar, instar a las futuras generaciones de europeos a recordar a mi generación como lo que realmente éramos, no como ellos quisieran que fuéramos. Teníamos todos los mismos vicios y debilidades que los jóvenes de hoy en día: la mayoría de nosotros no fuimos héroes ni monstruos.

Documeto de Aronson que luchó en la Batalla de Independencia de Israel.

Por supuesto, muchas personas hicieron cosas extraordinarias, pero en la mayoría de los casos solo porque fueron forzadas a hacerlo por circunstancias extremas, e incluso entonces, los verdaderos héroes eran muy pocos y distantes: no me cuento entre ellos.

Lo mismo se aplica a aquellos que fallaron en sus obligaciones morales durante ese tiempo. Por supuesto, hubo muchos que cometieron crímenes inefables e imperdonables. Pero, no obstante, es importante comprender que fuimos una generación que vivimos con miedo y que el miedo hace que la gente haga cosas terribles. A menos que lo hayas sentido, no puedes realmente entenderlo.

En segundo lugar, así como no existe una “generación heroica”, no existe una “nación heroica”, o una nación inherentemente maligna o malvada. Debo confesar que durante gran parte de mi vida, mantuve la opinión de que era importante para los polacos sentirse orgullosos de su comportamiento en tiempos de guerra, lo que me llevó, al contar mis experiencias sirviendo en el Ejército Nacional en Varsovia bajo ocupación nazi, a omitir ciertos ejemplos de indiferencia y falta de cooperación de parte  de mis camaradas polacos. Solo en los últimos años, como he visto que el orgullo se convierte en auto justificación y esa auto justificación en autocompasión y agresión, me di cuenta de lo equivocado que estuve al no ser completamente sincero acerca de las flaquezas que presencié.

Sobrevivi, Familia Aronson en Lwow

La verdad es que, como polaco y como judío, como soldado y como refugiado, experimenté un amplio espectro de comportamientos a manos de los polacos, desde aquellos que me protegían poniendo en riesgo sus vidas, a los que trataban de aprovecharse de mi vulnerabilidad y entre ambos extremos he  visto todos los matices posibles de solidaridad e indiferencia hacia mi condición.

Y aunque el Tercer Reich destruyó mi mundo, fue una mujer alemana quien me salvó la vida presentándome a los hombres que me reclutarían en la clandestinidad polaca. Ninguna nación tiene el monopolio de la virtud, algo que muchas personas, incluidos muchos de mis conciudadanos israelíes, aún luchan por comprender.

Tercero, no subestimes el poder destructivo de las mentiras. Cuando estalló la guerra en 1939, mi familia huyó hacia el Este y se estableció por un par de años en Lwów, ocupada por los soviéticos (ahora Lviv en el oeste de Ucrania). La ciudad estaba llena de refugiados y circulaban rumores sobre deportaciones masivas a los gulags en Siberia y Kazajstán. Para calmar la situación, un funcionario soviético pronunció un discurso declarando que los rumores eran falsos, en la actualidad se llamarían “noticias falsas”, (fake news) y que cualquiera que los propague sería arrestado. Dos días más tarde, comenzaron las deportaciones a los gulags, con miles de personas enviadas a la muerte.

Familia Aronson en Lwow

Esa gente y millones de individuos, incluida mi familia inmediata, fueron asesinadas con mentiras. Mi país y gran parte del continente fue destruido por las mentiras. Y ahora las mentiras amenazan no solo el recuerdo de aquellos tiempos, sino también los logros obtenidos desde entonces. La generación actual no puede darse el lujo de poder argumentar que nunca fue advertida o que no entendió las consecuencias de adónde te llevarán las mentiras.

Enfrentar mentiras a veces significa confrontar verdades difíciles sobre uno mismo y el propio país. Es mucho más fácil perdonarte a ti mismo y condenar a otro que al revés; pero esto es algo que todos deben hacer. He hecho las paces con la Alemania moderna y espero que todos los europeos puedan hacer lo mismo. Miles de personas gritan ‘vergüenza’ mientras el presidente polaco firma reformas judiciales vergonzosas.

Finalmente, nunca imagine que su mundo no puede colapsar, como lo hizo el nuestro. Esta puede parecer la lección más obvia que se transmite, pero solo porque es la más importante. En un momento estaba disfrutando de una adolescencia idílica en mi ciudad natal de Lodz, y al siguiente estábamos huyendo.

Solo regresaría a mi casa vacía cinco años más tarde, ya no era un niño despreocupado sino un sobreviviente del Holocausto y un veterano del Ejército Nacional que vivía con miedo a la policía secreta de Stalin, la NKVD. Terminé mudándome a lo que entonces era el Mandato Británico de Palestina, luchando en una Guerra de Independencia por una patria judía que ni siquiera sabía que tenía.

Quizás es porque era solo un niño que no noté las nubes de tormenta que se estaban acumulando, pero creo que muchos que eran más viejos y más sabios que yo en ese momento también compartían mi ingenuidad infantil. Si llega el desastre, descubrirás que todos los mitos en los que alguna vez creíste no te sirven. Verás cómo es vivir en una sociedad donde la moralidad se ha derrumbado, haciendo que todas tus suposiciones y prejuicios se derrumben ante tus ojos.

Y cuando todo haya terminado, verán como, lenta pero seguramente, estas lecciones más duras se olvidan cuando los testigos pasan y nuevos mitos ocupan su lugar.

Tradujo Alicia Benmergui

Fuente: The Guardian.5/9/2018

 

 

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